Me uno al manifiesto que ha
sacado un grupo de intelectuales escritores y periodistas en contra del “independentismo”
catalán, gestado por la corrupción catalana, Artur Mas y Rajoy, y con la
complicidad de una pseudos-izquierda tanto Colombiana como Catalana, que solo
ve desde el objetivo de las subvenciones y una complicidad con el
establecimiento, para engañar a los ciudadanos de Europa, España y sobre todo
Catalunya.
Comparto los razonamientos de que
el nacionalismo no toca lo verdaderamente importante, como es la relación de
los gobiernos con los bancos y sus imposiciones, y que pretende es dividir al
pueblo Español y catalán para beneficio tanto de los mismos, bancos, como de
multinacionales y políticos corruptos.
Los colombianos de esa pseudos-
izquierda corrupta por su parte que apoyan este tipo de “iniciativas” ,además
ponen en riesgo de manera irresponsable
como ya es su costumbre; a cientos de
miles de inmigrantes que vivimos en Catalunya, y violan las leyes españolas al participar en política
secesionista, traicionando muchos su juramento a la bandera en el caso de
nacionalizados; con lo cual tranquilamente se les puede llamar a juicio,
retirar permiso de residencia, expulsar y retirar nacionalidad. Esperemos que
la justicia actué.
Anexo texto del manifiesto:
Varios centenares de
intelectuales y profesionales han firmado en Cataluña un llamamiento a favor de
la izquierda y del federalismo para responder al creciente secesionismo estimulado
por Convergència i Unió, desde el Gobierno de la Generalitat , así como
por otras fuerzas políticas de afinidad nacionalista.
Queremos atender esa
llamada porque los promotores de una independencia inmediata de Cataluña aducen
beneficios obviando penosas consecuencias para todos. Además se eximen de
responder a los ingentes problemas que, como europeos, como españoles, como
ciudadanos de una comunidad autónoma y como vecinos de un municipio, nos
plantea la crisis económica y la incapacidad que aquí y en Europa se advierte
para adoptar decisiones válidas. Añadir una propuesta de secesión augura, bajo
el pabellón de un nacionalismo exacerbado, el desbordamiento a corto plazo del
malestar social al que nos viene arrastrando el súbito empobrecimiento y el
vértigo de la desesperanza de un número creciente de ciudadanos.
Los independentistas
convierten su particular idea de España en el chivo expiatorio sobre el que
cargar todos los malestares. Abonan así el terreno a la exigua minoría que,
desde el resto de España, se propone hacer otro tanto con su particular idea de
Cataluña. La afirmación de que España perpetró agresiones contra Cataluña es
una desgraciada manipulación del pasado, que olvida deliberadamente cómo en los
conflictos y guerras civiles en los que todo el país se vio envuelto, los
catalanes, al igual que el resto de los españoles, se dividieron entre los
diferentes bandos.
Ni Cataluña está
sometida a un expolio por parte de España, ni el común de los españoles alberga
sentimiento alguno de menosprecio hacia ella. Bien al contrario: Cataluña
suscita afecto, admiración y reconocimiento, entre otras razones porque sin
ella, sin su lengua, sin su cultura y sin su aportación solidaria, no puede
entenderse la España
democrática. Las fuerzas políticas que han abrazado el independentismo calculan
que, dada la drástica reducción de los recursos del Estado y los padecimientos
de la crisis, sería llegada la hora de pugnar por sus aspiraciones
maximalistas, sin atender al orden constitucional pactado por todos.
En Cataluña existe un profundo sentimiento nacional, del que el
resto de los españoles es plenamente consciente. De ahí que sostengan con
firmeza que haya de ser reconocido e integrado de nuevo en el seno de
instituciones compartidas. No obstante, si ese sentimiento de forma mayoritaria
se manifestara contrario de modo irreductible y permanente al mantenimiento de
las instituciones que entre todos nos dimos, la convicción democrática nos
obligaría al resto de los españoles a tomarlo en consideración para encontrar
una solución apropiada y respetuosa: los ciudadanos de Cataluña tienen que
saber que este es nuestro compromiso irrenunciable. Pero tienen que saber
también que en el resto de España y en la misma Cataluña hay muchas voces que
reclaman seguir avanzando juntos.
El programa de
construcción nacional incentiva a los independentistas a sentirse víctimas de
una opresión por parte de España, a rechazar la toma en consideración de las
propuestas de entendimiento y a silenciar o relegar a todos aquellos ciudadanos
catalanes que no suscriban ese programa de secesión. La transición de la
dictadura a la democracia se hizo de la ley a la ley pasando por la ley. Ahora,
paradójicamente, los independentistas para llevar adelante su denominada
transición nacional se proponen violentar la ley democrática, hecha por todos y
para todos, con el propósito de alumbrar una ley nueva, hecha solo por los que
se sienten llamados a una misión sin contar con los demás. En la aritmética
política sucede que el orden de los factores altera el producto
Ni España ni la Constitución de 1978
ni el Estatut de 2006 niegan a los ciudadanos de Cataluña ejercer su derecho a
decidir; son los partidos que apoyan la fulminante independencia de Cataluña
quienes confunden las opciones al concurrir, una tras otra, a las citas
electorales con programas edulcorados, indoloros y sin coste político, social o
económico alguno, pensando ampliar así sus apoyos en las urnas.
Es preciso que CiU y
otras fuerzas de afinidad independentista asuman sus graves responsabilidades
en la equivocada gestión de la presente crisis económica y en los abusos en que
incurrieron y dejen de exculparse bajo el supuesto expolio perpetrado por
España. Esa estrategia de exculpación les ahorra el debate económico y social que
necesitan tanto Cataluña como el resto de España, exacerbando y absolutizando,
en su lugar, un debate nacional y nacionalista.
Consideramos, además,
que todas las fuerzas democráticas deberían sumarse en la búsqueda de un mejor
encaje institucional para Cataluña, de una financiación más justa y de una
federalización del deteriorado Estado de las autonomías, que inscriba en su
norma suprema la solidaridad interterritorial y los criterios de su aplicación
compatibles con el esfuerzo común de todos y el principio de ordinalidad. Por
ese camino podremos seguir ampliando las cotas de libertad, igualdad, progreso
y respeto mutuo logradas con la
Constitución de 1978.
[También ayer, otro
grupo de personas de diversos ámbitos de la política, la cultura o la economía
difundieron otro comunicado sobre los últimos acontecimientos relacionados con
el futuro de Cataluña, en el que exponen argumentos aproximados al texto
anterior. Entre el medio centenar de de firmantes de este segundo texto figuran
Antonio Elorza (catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense ),
Jon Juaristi (escritor), Javier Varela (profesor de la Historia del Pensamiento
Político), Enrique Gimbernat (catedrático de Derecho Penal), Agustín Ibarrola
(pintor y escultor), Félix Ovejero (profesor de Economía) o Emilio Lamo de
Espinosa (catedrático de Sociología)

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